PER, PEG, P/V, EV/EBITDA: cómo leer bien los múltiplos de valoración

Que una acción esté «cara» o «barata» no lo decide la cotización: una acción de 500 € puede estar barata y una de 5 € desorbitadamente cara. Lo decisivo es cuánto beneficio, ventas o flujo de caja recibes a cambio de tu dinero. Eso es exactamente lo que miden los múltiplos de valoración. Esta guía explica los cuatro más importantes —PER, PEG, ratio precio/ventas (P/V) y EV/EBITDA— con fórmula, ejemplo de cálculo y, sobre todo, con las situaciones en las que cada uno de ellos te lleva a engaño.

El principio: precio dividido entre una magnitud de resultados

Los cuatro ratios siguen el mismo patrón: divides el precio (cotización o valor de empresa) entre una magnitud de resultados (beneficio, ventas, EBITDA). El resultado es un múltiplo: «pagas X veces Y». El múltiplo por sí solo no dice nada; solo gana significado en la comparación: con el sector, con el historial de la propia empresa y con el crecimiento esperado. Quien se salta esta triple comparación lee números sin sentido.

PER: el clásico y su trampa con las cíclicas

Fórmula en palabras: cotización dividida entre el beneficio por acción. Alternativa: capitalización bursátil dividida entre el beneficio anual; el resultado es el mismo.

Ejemplo de cálculo: una acción cuesta 60 € y la empresa gana 3 € por acción. PER = 60 ÷ 3 = 20. Pagas, por tanto, 20 veces el beneficio anual; si el beneficio se mantuviera constante y te llegara íntegro, recuperarías tu inversión, sobre el papel, al cabo de 20 años. Leído al revés: 1 ÷ 20 = 5 % de «rentabilidad por beneficios» al año.

Cuándo sirve: con empresas rentables y beneficios razonablemente estables: consumo, software, aseguradoras. Aquí el PER es el ancla de valoración más rápida y resulta bien comparable a lo largo de décadas.

Cuándo engaña: la trampa clásica son las cíclicas: automoción, química, acero, semiconductores. En el pico del ciclo el beneficio se dispara y el PER cae a un aparentemente regalado 4 a 6, y justo entonces la acción suele estar en su punto más peligroso, porque la siguiente recesión reduce los beneficios a la mitad o los borra. En la fase baja ocurre lo contrario: el beneficio se hunde, el PER salta a 40 o directamente deja de poder calcularse por falta de beneficio, precisamente cuando la acción puede estar históricamente barata. Regla para recordar: en las cíclicas, un PER ópticamente bajo es una señal de alarma, no una señal de compra. Segunda trampa: los efectos extraordinarios, como la venta de participaciones, inflan el beneficio de un año y rebajan el PER de forma artificial; comprueba siempre si el beneficio es «limpio».

PEG: el PER en relación con el crecimiento

Fórmula en palabras: PER dividido entre el crecimiento anual esperado del beneficio en puntos porcentuales.

Ejemplo de cálculo: una empresa de software tiene un PER de 30 y previsiblemente crece un 25 % al año. PEG = 30 ÷ 25 = 1,2. Un grupo de consumo con PER 22 y un crecimiento del 5 % sale a un PEG de 4,4. Como regla aproximada, un PEG en torno a 1 se considera justo y claramente por encima, exigente; eso explica por qué el PER de 30, ópticamente más alto, puede ser aquí la valoración más relajada.

Cuándo sirve: exactamente para este caso: hacer comparables empresas de crecimiento que, con el PER a secas, siempre parecen «demasiado caras». El PEG responde a la pregunta: ¿cuánta valoración pago por cada punto porcentual de crecimiento?

Cuándo engaña: el PEG se sostiene o se derrumba con la estimación de crecimiento, y esa es una previsión, no un hecho. Quien asume un 25 % de crecimiento durante cinco años donde solo dos son realistas, se maquilla cualquier acción. Además, el ratio falla con las empresas de crecimiento lento (con un 2 % de crecimiento salen valores absurdos) e ignora por completo la deuda y la calidad del crecimiento: un 20 % de crecimiento con márgenes a la baja y ampliaciones de capital vale menos que un 12 % logrado con recursos propios.

P/V: cuando (todavía) no hay beneficio

Fórmula en palabras: capitalización bursátil dividida entre las ventas anuales.

Ejemplo de cálculo: una empresa vale en bolsa 5.000 millones de € y factura 2.000 millones de €. P/V = 5 ÷ 2 = 2,5. Pagas 2,5 veces las ventas anuales.

Cuándo sirve: con empresas de crecimiento no rentables, para las que el PER sencillamente no existe por falta de beneficio: tecnológicas y biotecnológicas jóvenes, casos de reestructuración. Las ventas son, además, más difíciles de maquillar que el beneficio, lo que hace al P/V robusto frente a la cosmética contable.

Cuándo engaña: el P/V ignora el margen, y con ello la mitad del modelo de negocio. Un proveedor de software con un 80 % de margen bruto puede merecer un P/V de 8; un distribuidor de alimentación con un 2 % de margen neto ya va justo de valoración con un P/V de 1: de un euro de ventas, uno saca quizá 25 céntimos de beneficio y el otro, 2 céntimos. Las comparaciones de P/V entre sectores distintos son, por eso, inútiles. Y con empresas crónicamente no rentables rige lo siguiente: un P/V bajo no convierte en ganga un negocio sin camino hacia la rentabilidad; unas ventas que nunca se transforman en beneficio valen poco para el accionista.

EV/EBITDA: el ratio que hace visible la deuda

Fórmula en palabras: valor de empresa (enterprise value = capitalización bursátil más deuda neta) dividido entre el EBITDA, el beneficio antes de intereses, impuestos y amortizaciones.

Ejemplo de cálculo: capitalización bursátil de 10.000 millones de €, deuda neta de 4.000 millones de € → valor de empresa de 14.000 millones de €. Con un EBITDA de 2.000 millones de €, sale EV/EBITDA = 14 ÷ 2 = 7. La gracia del asunto: una empresa sin deuda con la misma capitalización bursátil y el mismo EBITDA saldría a 10 ÷ 2 = 5, y sería claramente más barata pese a llevar en bolsa una «etiqueta de precio» idéntica. El PER se tragaría esa diferencia casi por completo.

Cuándo sirve: siempre que la deuda juegue un papel —telecomunicaciones, utilities, inmobiliarias, objetivos de private equity— y al comparar empresas con estructuras de capital, tipos impositivos o políticas de amortización distintos. Por eso es el ratio estándar en las adquisiciones: al fin y al cabo, el comprador también asume la deuda.

Cuándo engaña: el EBITDA hace como si las amortizaciones no fueran un gasto real. En negocios intensivos en activos —maquinaria, aerolíneas, redes— lo son, y mucho: las máquinas hay que reemplazarlas en algún momento. Un EV/EBITDA «barato» de 5 puede corresponder entonces a una relación muy cara con el flujo de caja libre. Por eso Charlie Munger llamó al EBITDA, con toda la polémica, «bullshit earnings». Regla práctica: nunca leas el EV/EBITDA sin mirar las necesidades de inversión y el flujo de caja libre.

Comparación sectorial e historial propio: la doble vara de medir

Cada uno de estos ratios necesita dos ejes de comparación. Primero, el sector: el software cotiza estructuralmente más alto que el acero porque los márgenes, las necesidades de capital y el crecimiento son distintos; un PER de 25 puede ser normal para la empresa de software y absurdo para la acerera. Compara, por tanto, siempre con competidores directos. Segundo, el historial propio: si una acción cotiza a 30 veces beneficios cuando en los últimos diez años promedió 20 veces, estás pagando una prima del 50 %, que solo se justifica si el negocio ha mejorado de forma medible (más crecimiento, mejores márgenes, un foso defensivo más fuerte, como el que distingue a las acciones de calidad). Si no lo ha hecho, solo estás comprando una expectativa que ha subido.

Por qué ningún ratio basta por sí solo

Cada múltiplo ilumina una faceta y deja otras a oscuras: el PER ignora la deuda y el crecimiento, el PEG depende de una previsión, el P/V ignora los márgenes y el EV/EBITDA ignora las necesidades de inversión. Solo en conjunto componen una imagen, y solo en el contexto del modelo de negocio, el balance y el riesgo esa imagen se convierte en un juicio. Cómo funciona esa lectura paso a paso lo muestra la guía cómo analizar acciones; quien quiera pasar del múltiplo al valor intrínseco encontrará la continuación en el artículo sobre el valor razonable por DCF. Otros ratios, desde la tasa de reparto hasta la cobertura de intereses, los explica el glosario.

En la práctica esto significa: revisar varios ratios en paralelo, contrastar cada uno con el sector y el historial, y tener presentes las debilidades de cada ratio. Justo con este principio trabaja, por cierto, también el análisis con IA de aktienanalyse.ai: condensa más de 35 ratios fundamentales en una puntuación y un rango de valor razonable en lugar de fiarse de un único múltiplo. Tanto si montas el conjunto a mano como si lo recibes en forma de resumen estructurado, lo decisivo es que nunca te creas una sola cifra.

Conclusión: los múltiplos son termómetros, no diagnósticos

PER, PEG, P/V y EV/EBITDA miden la temperatura de una valoración: rápido, útil, comparable. Pero un termómetro no hace diagnósticos: por qué una acción cotiza a 8 o a 40 veces beneficios solo lo responde la mirada al modelo de negocio, a la calidad del crecimiento y a los riesgos. Usa los ratios como filtro y sistema de alarma, y desconfía de cualquiera que quiera venderte una acción con una sola cifra.